8M 2026: Sin justicia en los cuidados, no hay justicia para las mujeres

Este 8 de marzo de 2026, el Día Internacional de las Mujeres nos convoca bajo un lema que no admite ambigüedades: «Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas»; los derechos deben cumplirse, la justicia debe garantizarse y la acción debe ser concreta. No simbólica. No declarativa. Transformadora.

En Venezuela, hablar de derechos y justicia implica mirar de frente una realidad estructural que atraviesa la vida cotidiana de millones de mujeres: la crisis de los cuidados.

La emergencia invisible

Desde 2016, el país vive una Emergencia Humanitaria Compleja que ha debilitado servicios públicos, redes institucionales y condiciones básicas de bienestar. Cuando el agua no llega, cuando el sistema de salud colapsa, cuando la escuela falla o cuando el transporte se hace incierto, alguien asume la carga adicional para que la vida continúe.

Ese “alguien”, en la mayoría de los hogares, son las mujeres.

El trabajo de cuidado incluye cocinar, limpiar, acompañar a personas enfermas, atender a niños, niñas y personas mayores, gestionar alimentos, resolver trámites, hacer colas y suplir fallas del Estado. Es un trabajo esencial para la sostenibilidad de la vida y la economía, pero sigue siendo mayoritariamente no remunerado, invisibilizado y feminizado.

A nivel mundial, las mujeres realizan más del doble de trabajo de cuidado no remunerado que los hombres. En contextos de crisis prolongadas, esa brecha se amplía.

Pero el problema no es solo la sobrecarga. Es lo que esa sobrecarga produce.

Cuidado, autonomía y riesgo de violencia

Cuando una mujer dedica la mayor parte de su tiempo al cuidado no remunerado, disminuyen sus oportunidades de generar ingresos propios. Se reduce su autonomía económica. Se limita su participación social y comunitaria. Se profundiza su dependencia.

Y la dependencia económica es un factor de riesgo frente a la violencia de pareja.

El aislamiento, producto de la sobrecarga de cuidados, también dificulta el acceso a redes de apoyo y a rutas de protección. Así, la crisis de los cuidados no es un asunto doméstico: es un problema de protección y de derechos humanos.

La evidencia lo confirma. En la Evaluación de Impacto “Corresponsabilidad de los cuidados en la prevención de la violencia basada en género” (AVESA, 2025), realizada en comunidades de Zulia y Táchira, el 70% de las mujeres reportó que antes de los procesos formativos asumía mayoritariamente sola las tareas del hogar y cuidado: siete de cada diez mujeres cargaban con la responsabilidad principal.

Además, aunque el 100% de las participantes reconocía la violencia física y psicológica, solo el 35% identificaba la violencia simbólica y poco más del 40% reconocía la violencia mediática. Esto evidencia que muchas formas de violencia continúan naturalizadas y menos visibles.

La sobrecarga, combinada con la naturalización de desigualdades, configura un terreno fértil para la permanencia de la violencia.

Redistribuir el cuidado transforma

Sin embargo, los datos también muestran que el cambio es posible.

Después de participar en procesos que incorporaron el enfoque de corresponsabilidad del cuidado, el 83% de las mujeres reportó mejoras en la distribución de tareas dentro de sus hogares.

En los grupos donde se trabajó de manera explícita la corresponsabilidad, los cambios fueron más profundos y organizados: acuerdos familiares, redistribución consciente de responsabilidades y mayor claridad sobre el derecho a no asumir solas la carga doméstica.

La transformación no fue sólo práctica, sino cultural.

Además, cuando se combinó la redistribución del cuidado con actividades generadoras de ingreso, los resultados fueron significativos. En Táchira, las actividades económicas aumentaron en 30% tras la intervención. Liberar tiempo mediante la redistribución permitió a las mujeres invertir en emprendimientos, organizar mejor sus recursos y fortalecer su autonomía económica.

Más tiempo compartido en el cuidado significó más autonomía. Y más autonomía es una condición clave para prevenir la violencia basada en género.

Hacia una sociedad del cuidado

Estos hallazgos se alinean con una discusión global cada vez más presente: la necesidad de avanzar hacia una sociedad del cuidado.

Una sociedad del cuidado reconoce que estas tareas no son “naturales” ni exclusivamente femeninas. Son responsabilidades sociales que deben redistribuirse en tres niveles:

  • Familiar, promoviendo corresponsabilidad entre hombres y mujeres.
  • Comunitario, fortaleciendo redes y servicios locales de apoyo.
  • Institucional y estatal, incorporando políticas públicas que reconozcan, reduzcan y redistribuyan el trabajo de cuidado.

Sin políticas que atiendan el cuidado, la igualdad formal se queda corta.

Sin redistribución del cuidado, la autonomía económica de las mujeres es frágil.

Sin autonomía, la posibilidad de salir de relaciones violentas se reduce.

Por eso, incorporar el enfoque de cuidados en la arquitectura humanitaria, en los planes de respuesta y en las políticas públicas no es un añadido opcional: es una estrategia estructural de prevención de violencia y garantía de derechos.

8M 2026: derechos que se ejercen

El lema del Día Internacional de la Mujer 2026 —“Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas”— nos interpela directamente.

  • Derechos no sólo como reconocimiento jurídico, sino como condiciones materiales para ejercerlos.
  • Justicia no sólo como sanción, sino como transformación de estructuras desiguales.
  • Acción no solo como discurso, sino como políticas concretas y sostenidas.

Atender la crisis de los cuidados es una de esas acciones concretas.

Es reconocer que la desigualdad no comienza únicamente en el espacio público, sino también en la distribución del tiempo, del trabajo y de las responsabilidades dentro del hogar.

Es comprender que el cuidado sostiene la vida, pero no puede seguir sosteniéndose sobre la sobrecarga invisible de las mujeres.

Este 8 de marzo, la pregunta no es si el cuidado es importante. La pregunta es si estamos dispuestas y dispuestos a redistribuirlo para construir una sociedad más justa.

Porque sin justicia en los cuidados, no hay justicia para las mujeres.

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